domingo 7 de agosto de 2011

CAPADOCIA



Después de nuestro recorrido por la Turquía profunda y tras interminables horas de un sudoroso autobús llegamos a Nemrut Dagi, una obra megalómana que el rey Antíoco mandó construir en lo alto de la montaña del lugar (más de 2000 metros), y en lo alto de la montaña nos encontramos a un sevillano con camiseta de Jimmy Hendrix y su novia de Málaga, y muchos grupos de turistas. Eso turbó momentáneamente a Kakas. ¡Ah! También había enormes cabezas de estatuas que representaban a dioses, héroes y águilas.



El timador de voz aflautada, nuestro hospedero, que era como un pastor "mozo viejo" que se había comido un pitufo (de ahí su voz), nos había subido a la cumbre por un sobre-precio y luego sólo tuvimos que volver a nuestra casa, que en realidad era un suelo de piedras. los burros rebuznando por la noche me recordaron a la mujer de SOS.





Al día siguiente, la rutina de costumbre. Buses, mal-comer, sudor... y llegar a lo que parecía la tierra prometida, Kapadocia [sic], que terminó siendo un fake (¿moriré viendo la tierra prometida?).



Al llegar vimos "chinos" (coreanos en realidad). Ello fue interpretado como un mal augurio. Efectivamente, no encontramos habitación hasta que llegamos al hotel "normal" (Kakas se atribuye el descubrimiento), sin duda un lugar confortable para dormir acabó siendo como un pueblo temático del Far West, donde nadie vivía y todo el mundo vendía, más camas y tours organizados, otros mucha pose (esos la regalaban).


No me gustó en absoluto, salvo los desayunos. Kakas quedó fascinado por las "chimeneas" con forma de pene y compró varias postales de las mismas para enviarlas a amigos y familiares -también una de Jesucristo siendo acosado sexualmente. Aunque disfrutamos de Internet caímos en la trampa de una touroperadora que tras llevarnos a varios sitios (una ciudad subterránea hitita, un valle con "some frescoes" y el lugar donde se grabó la carrera de vainas Star Wars I [NdE: La Amenaza Fantasma] trataron de vendernos piedras ónix que sólo compró un yanki retrasado mental. Agradecí irme de allí.



[NdE: aunque efectivamente el ambiente era turístico -i.e., decadente-, y aunque lo de la touroperadora estuvo mal, lo cierto es que el autor de estas líneas no está cualificado para emitir un juicio, puesto que pasó una importante porción del tiempo durmiendo, y no pudo llevar a cabo expediciones independientes de exploración]