¿Escribe el Kamarada Kakitas desde la enfermedad? ¿Acaso no ha viajado lo bastante como para saber que el viaje será reconstruido a la vuelta, cuando lo contemos? ?Cómo va a sentir algo ante piedras ordenadas a partes por un plan humano ya olvidado, a partes por el azar (eso son ruinas)? Algo se siente, sí. Temor al entrar en la catedral silenciosa escuchando el propio eco, al asomarse al cañón por donde pasa el río.
Pero todavía no sentimientos profundos hacia esa roca. Eso pasará solo cuando la ordene dentro de una narrativa; cuando, dentro de algún tiempo, se acuerde de la luna sobre el lago Van, de las rocas rojas del castillo al atardecer, de la gran devastación en lo que un día fue una ciudad. Eso será nostalgia, el sentimiento al ver una cifra tachada en el "Haber" de ese divino Libro de Cuentas que es la vida.
Ítem más: ahora poco podemos sentir, ajetreados por esta carrera por dormir, comer, moverse. Estamos aislados por la barrera del idioma: esa es, apuesto, toda la diferencia respecto del Cáucaso, vodka o no, expresidiarios o no. Podemos ver los restos del pasado, pero nos damos contra el muro de cristal de los hombres del presente.
Dicho esto: no estamos recorriendo ciudades sublimes. Estamos recorriendo ciudades a secas, donde la gente vive, comercia, ama y muere una vida provinciana y perfecta. Nosotros cuatro no somos nada; una mancha pasajera en la ciudad, irrelevante. Algo para que los niños rían un rato. No siento culpa ni vergüenza ante su pobreza: sólo irritación. No tengo nada que [...].
Ahora hablemos de mierda. Malditos enfermos. Es la conversación recurrente, no os dejéis engañar por las citas a Baudelaire. Los peces también cagan.
Hoy mismo iremos con un muchacho al lago y a la isla [NdE: Akdamar]. ¿Habrá alguna aventura? El resultado en unos instantes.
Hicimos autoestop seis en un coche. Nos quería cobrar y nos bajamos. No pasó nada.










